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La arquitectura de la Cabrera un tesoro sin valorar
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"León
en Madrid"
Revista de la Casa de León en Madrid. |
Autor:
Concha Casado Lobato |
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"La
arquitectura típica regional es mucho
más seria, natural, ordenada y
sencilla
que esa otra que hoy se traslada desde la
ciudad al medio rural, con
un deseo de falsa
modernidad y con el afán de estar al día".
Fernando
Chueca Goitia |
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"La
Cabrera, un Paraíso en peligro" era el título de un magnífico
artículo publicado por Tomás Álvarez
esta primavera con una llamada
de atención hacia su notable arquitectura tradicional y su bellísimo
paisaje: dos tesoros que se deben valorar y salvar. Hay que encontrar
los medios necesarios para
conseguirlo.
Sí,
la Cabrera es, todavía hoy, una de las comarcas más destacadas de
la región por su arquitectura
popular. Pueblos como Villar del Monte o
Iruela, en la Cabrera Alta, y Forna o Saceda, en la Cabrera
Baja,
merecen ser declarados "bienes de interés cultural", También en otros muchos lugares
cabreireses -casi en todos los pueblos- hay
conjuntos espléndidos de su arquitectura tradicional, pero
¿por cuánto
tiempo? Recuerdo que García Grinda, buen conocedor del tema, nos
decía hace solo unos
cinco o seis años, que no había visto en toda la
región una muestra tan singular como la calle principal
de Trabazos
(Cabrera Baja) con sus corredores de madera a lo largo de la calle, cuya
anchura está
práctica mente
cubierta y protegida por el vuelo de los corredores y, en muy pocos años,
ese entorno
se ha ido deteriorando con nuevas construcciones de
materiales y tipologías más propios de barrios
periféricos de
ciudades industriales que de un ámbito
rural tan bello y con una arquitectura tan en
armonía con el paisaje.
¿Qué
hacer para salvar este patrimonio cultural? Ya Tomás Álvarez, en el
artículo antes mencionado, escribía: "hay que buscar líneas de
ayuda para mantener ese patrimonio, pero con férrea vigilancia para
que
esas ayudas no se encaminen
a la destrucción, sino al mantenimiento de la maravillosa arquitectura
popular. Hay que asesorar y ayudar a los alcaldes, personas
voluntariosas y con una enorme responsabilidad, que a veces no son
conscientes de la gran trascendencia que tienen sus decisiones para
el
futuro del territorio. En este sentido he abogado en ocasiones -escribe
él- por la constitución de
consejos comarcales de cultura, integrados
por gente de la cultura y de la ciencia, oriundos o no del territorio,
pero conocedores del mismo. Estas comisiones deberían trabajar
gratuitamente y ayudar con
su dictamen a promover la defensa de lo
realmente importante, impidiendo las aberraciones, a veces
hechas con
dinero oficial".
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Villar del Monte.
Chimenea.
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La
maravilla de esa arquitectura tradicional cabreiresa deriva de los
materiales y de las tipologías, ambas
cosas armoniosamente enraizadas
en el paisaje. Los materiales están extraídos del entorno: piedra,
pizarra, paja y madera. Los muros de los edificios -casas, pajares,
cuadras, fraguas o molinos están construidos con esquistos y cuarcitas,
en forma de lajas o piezas delgadas, que alternan con cantos rodados. En
la Cabrera Alta vemos esquistos y cuarcitas de colores rojizos, en
pueblos como Pozos, La Cuesta, Villar del Monte o Manzaneda, Los
esquistos oscuros, casi negros, contrastan en Iruela con los cantos
rodados de cuarzo blanquecino, alternando en hiladas. En Corporales
encontramos esquistos de
color verdoso o rojizo, alternando también con canto rodado de cuarzo
lechoso, Y en la Cabrera Baja veremos los mismos materiales.
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Como quedó
recogido por José Luis García Grinda: "su color va desde el
negro
humo de Noceda o Silván,
los grises oscuros con tonos rojizos en Ambasaguas, Trabazos
o Sigüeya, a los ceniza de Odollo. En los núcleos
más bajos cercanos al encuentro del valle con el del Sil, como
Santalavilla o Benuza, se convierten en rojizos casi férricos".
Toda una variada
gama de color en los muros de las viviendas y de las
otras edificaciones auxiliares. Colorido que
se proyecta también en
muros o herramientos de los huertos y tierras de labor en las cercanías
de los pueblos.
De
paja de centeno están cubiertas las techumbres de pajares y cuadras. Y
en la Cabrera Alta tenemos, entre otros muchos ejemplos, un conjunto
excepcional de pajares, con sus hastiales escalonados, en el pueblo de
Villar del Monte, ya García Grinda señalaba que en la provincia leonesa es donde existe " el mayor conjunto de ejemplares y tipos
de arquitectura con cubierta vegetal del territorio
español" y comentaba la recuperación que en Irlanda se ha hecho
de este tipo de arquitectura, como símbolo de identidad cultural y como
señal de marca de su floreciente turismo rural.
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Ambasaguas. Corredores. |
La
pizarra es utilizada en las techumbres de las viviendas, con las
chimeneas revestidas también de losas toscas,
y en otros edificios,
como hornos, molinos, fraguas o palomares. El color grisáceo de este
material se ve a veces matizado con los tonos verdosos y amarillentos de
musgos y líquenes. Y losas toscas de pizarra rematan los hastiales
escalonados de los pajares con sus cubiertas de paja de centeno.
Variedad y colorido.
La
madera, generalmente roble o castaño, es protagonista de esos característicos
corredores de la vivienda cabreiresa. Corredor cerrado con tablas
verticales y un pequeño ventanuco a modo de ventana o corredor abierto
con barandillas, que en algunos lugares presentan
interesantes motivos
decorativos.
Muchos corredores tienen
una parte abierta, con barandillas, y otra cerrada con tablas o un
entretejido |
de varas revocado con barro. A veces, en el corredor aparece
el horno, revocado con barro. El horno, con sus paredes redondeadas
hacia el exterior, es pieza fundamental en la casa cabreiresa, suele
estar emplazado en la pared de la cocina. Y tenemos también el horno
separado de la vivienda, "la casa el forno", una pequeña
construcción independiente, quedan interesantes ejemplos en Villar del
Monte, Quintanilla de Yuso, Robledo de Losada y en otros lugares.
En
las viejas puertas de madera podemos observar esas trancas también de
madera, obra del carpintero local, o esos clavos, cerrojos y picaportes
de hierro, trabajados en la fragua a golpes de martillo sobre el yunque,
Aún se conserva alguna vieja fragua con todos sus utensilios.
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Villar del Monte. Horno.
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Los
palomares abundan en la Cabrera Baja, el mayor número se halla en
Robledo de Losada y en Quintanilla, son de planta circular y cubierta a
un agua. Las losas toscas de la cubierta se sujetan y adornan con
blancas piedras de cuarzo. Estos palomares con sus muros encalados, y
encaramados en las laderas cercanas al pueblo, nos recuerdan a pequeños
molinos de viento
sin aspas. La Asociación para la Protección del
Patrimonio de Cabrera está llevando a cabo la restauración de este
conjunto de palomares, utilizando materiales y técnicas tradicionales,
con albañiles de la zona y la colaboración del Centro de los Oficios
de León.
Queda
un gran trabajo por hacer. En primer lugar, sensibilizar a los
cabreireses y a las autoridades locales sobre el rico Patrimonio que
poseen y el peligro que lo amenaza, pues mientras en otros países
desarrollados la |
conformidad de la nueva arquitectura rural con los
modelos
tradicionales se considera positiva, aquí todavía ocurre lo
contrario. y, en segundo lugar, las Instituciones deben ayudar y vigilar
para que no se pierda un valor cultural de primer orden.
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Trabazos. Corredor. Detalle.
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