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Los
orígenes del monasterio de
San Isidoro de León
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revista ABBA Semana Santa 2000
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Autor:
Dña. Mª Encarnación Martín López
Titular de Paleografía y Diplomática.
Universidad de León. |
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Haciendo nuestras las
palabras que pronunció Manuel Risco acerca de la ciudad de
León diremos que
el nombre solo del monasterio de San Isidoro hace que se presente en nuestra
idea una institución antigua, fecunda en sucesos memorables y por eso digna
de que su historia se trate con singular atención [1].
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Efectivamente, el cenobio
leonés de San Isidoro
- en palabras
de su abad- es bien conocido en la
historia de la cultura :
sepulcro de los restos mortales del obispo
hispalense, palacio
y panteón real, cabeza, del Infantado, monasterio dúplice
hasta 1148, célebre abadía de canónigos regulares de San Agustín desde el
siglo XII ,
complejo románico donde nada
falta.
No es menos conocido por su archivo de pergaminos y sus
códices
medievales, bastantes de ellos decorados con
miniaturas [2].
Una realidad tan
compleja como la que hemos descrito conlleva una larga andadura histórica de
siglos en la que se irán fraguando y consolidando las diferentes
instituciones bajo la advocación de San Isidoro.
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Dos fechas son importantes
en la historia de este monasterio, 1063 año de la traslación del cuerpo de
San Isidoro, y 1148, fecha del traslado de la canónica regular de San Agustín
al monasterio.
Si embargo, el camino
recorrido era ya largo. Analizaremos brevemente los orígenes de esta noble
institución, que se remontan a los años 950, y veremos su evolución a lo
largo de la Alta Edad Media.
En 1148 el rey Alfonso VII a instancias de su hermana la reina doña Sancha, traslada al monasterio de San Isidoro la joven comunidad de canónigos
agustinos. Pero ¿qué
vinculación tiene San Isidoro con la familia
real ?, ¿ qué comunidad habitaba antes el monasterio ? , ¿cual es,
en definitiva, la tradición de este monasterio, su iglesia y su panteón real ?
Estas cuestiones nos obligan a buscar en los orígenes remotos de esta
institución. Para ello
debemos remontarnos a los reinados sucesivos de Ramiro II y Sancho I y
al extremo opuesto de lo que era la ciudad medieval, concretamente a lo que
hoy conocemos como calle del Conde Luna. Allí se conserva en deplorable
estado la iglesia más antigua de la ciudad : San Salvador,
conocida
popularmente Palat de Rey. Es aquí donde se asientan las raíces remotas de
nuestro San Isidoro.
LOS
ORÍGENES REMOTOS : SAN SALVADOR
La ciudad de León en el
siglo X era la más importante de la
España cristiana. En ella vivían el rey, su familia y su curia. Pero no hay
que imaginársela como una gran urbe. Sánchez Albornoz nos describe la ciudad
en forma de rectángulo [3] casi perfecto. Su eje mayor, iba, de sur a norte, desde el mercado fronterizo a San Martín, hasta el castillo ; su eje
menor cruzaba desde la Puerta del Obispo a la Cauriense, situada a la altura
del palacio que levantaron los Guzmanes.
Las iglesias y monasterios eran
numerosos, fenómeno típico de la reconquista. Entre tantos
monasterios
destaca uno desde su fundación, el de San Salvador más conocido como Palat de
Rey. El cronista medieval Sampiro nos narra escuetamente su origen.
FUNDACIÓN
:
Ramiro II consagró a su hija Elvira a Dios y para ella mandó
construir un monasterio bajo la
advocación de San Salvador junto al palacio
real. Su fundación, aunque no lo dice el cronista, debió ser en torno a los
años 940-950. El monasterio de San Salvador gozará de gran prestigio en la
ciudad. Por su fundación, se trata en un monasterio bajo la protección real y
destinado a acoger a las mujeres de la familia real. Y es en esta realidad
donde podemos aventurar el origen de la institución llamado infantado.
LOCALIZACIÓN
:
Actualmente podemos
contemplar el lugar donde se fundó el monasterio de San Salvador ya que en él
aún existe aunque de construcción moderna, la pequeña iglesia del mismo
nombre.
El monasterio fue abandonado por su comunidad en la alta edad media
[4] y continuó como iglesia hasta nuestros días, adscrita a la parroquia de
San Martín.
La realeza dotará a San
Salvador de Palat de Rey de importantes bienes para su mantenimiento.
Sin
duda, la nueva comunidad se verá estimulada y potenciada por la enérgica
personalidad de la
infanta doña Elvira. Esta mujer desempeñó un importante
papel en la historia política del reino de
León. Así lo acreditan tanto las
crónicas latinas como las arábigas [5]. Ella será la gran impulsora de una
nueva casa intramuros que llevará el nombre de San Pelayo.
Pero, además, Palat de
Rey contenía el panteón real. Era tradición entre los reyes asturianos
hacerse enterrar en el monasterio de su protección. Cuando la corte se
traslada a León la monarquía necesita un cementerio real. Así pues, la
fundación de San Salvador tendrá entre sus principales funciones ser panteón
real. En él se enterrarán Ramiro II
y sus hijos Ordoño III y Sancho I , tal y como nos lo narra el cronista y canónigo
de San Isidoro Lucas de Tuy en su Crónica del mundo [6]

LA
COMUNIDAD:
En cuanto a la comunidad,
como ya hemos dicho, se trata de una pequeña congregación femenina al frente
de la cual estaba un miembro de la familia real : la infanta Elvira fue
su primera abadesa.
Nada nos dicen las crónicas de la orden a la que pertenecían.
Es posible que pertenecieran a la orden isidoriana, aunque algunos autores
consideran que es una comunidad prebenedictina.
SAN PELAYO Y SAN JUAN BAUTISTA
FUNDACIÓN:
La ciudad de León seguía creciendo y la fundación de monasterios constituía una importante muestra de ese crecimiento urbano. La segunda etapa en los orígenes de San Isidoro tendrá lugar bajo el reinado de Sancho
I llamado el Craso. Don Sancho, aquejado de problemas de
obesidad, había acudido a la corte califal para ponerse en manos de los afamados médicos
musulmanes. Pretendía no solo curarse de su gordura sino además conseguir el apoyo del califa de Córdoba para alcanzar el trono leonés. En el año 959, don Sancho vuelve a León curado de su obesidad y cabalgando al frente de un ejército musulmán. Ese mismo año arroja
del trono a Ordoño IV y se proclama rey.
Por este tiempo se propaga por el reino leonés la vocación por el niño Pelayo [7] , mártir bajo el califato de Abd al Rahman
III en el año 925. Doña Elvira, nuestra infanta monja de San Salvador, impulsa al rey Sancho para que organice una expedición a Córdoba con el fin de recuperar los restos del niño mártir. Para su custodio mandó construir en la ciudad un nuevo
monasterio.
El culto a las reliquias experimenta en la edad media un auge. Las iglesias y monasterios se
preciaban por el número de reliquias y objetos santos que tuviera. Ello provocó una auténtica oleada a la búsqueda de restos de santos y mártires. El prestigio de una iglesia radicaba en el volumen de reliquias que tuviera. Pero también se produce el efecto contrario, el traslado de
reliquias y cuerpos enteros de santos desde las regiones ocupadas por los musulmanes hacia los reinos cristianos da lugar a que desde el siglo
IX se fabriquen numerosas piezas artísticas e
incluso se construyan para su culto iglesias y monasterios [8] . Este es el caso del monasterio de San Pelayo cuya fábrica fue mandada hacer por Sancho
I en torno a 960 [9] y tras este proyecto estaba sin duda la influyente mano de doña Elvira.
LOCALIZACIÓN:
En cuanto a la localización, esta cuestión es discutida y tratada por diversos autores, entre ellos Sánchez Albornoz y el P. Colombás. Para ambos el primer monasterio de San Pelayo estuvo ubicado en un zona entre la catedral y la colegiata, y que aún hoy se guarda en la memoria de la ciudad a través de el nombre de una calle y una plaza llamadas de San Pelayo [10].
LA
COMUNIDAD:
Desconocemos el año exacto en que comenzó la vida monástica en San Pelayo ni la procedencia de su comunidad [11] . Si sabemos que era un monasterio femenino y no sería de extrañar que la propia infanta Elvira fuera también autora de la traslación total o parcial de su pequeña comunidad de San Salvador al nuevo monasterio. Lo cierto es que San Pelayo desde sus inicios gozará con el apoyo de la familia real y en un breve espacio de tiempo lo encontramos ejerciendo parte de las funciones que vimos en Palat de Rey, como es el panteón real.
SAN PELAYO Y SAN JUAN BAUTISTA
Los comienzos de San Pelayo fueron difíciles, apenas unos años de su fundación, la ciudad de León fue destruida por las tropas de
Almanzor, y el monasterio reducido a escombros. Pero la reliquia de San Pelayo ya no estaba en su interior. Su cuerpo había sido trasladado años antes a Asturias motivado por la creciente inseguridad que reinaba en el territorio leonés. Su nuevo destino será el monasterio del mismo nombre San Juan Bautista y San Pelayo en Oviedo [12] .
FUNDACIÓN:
Después de aquellos días, nos dice Sánchez Albornoz, todo eran solares en León. La ciudad quedó devastada, pero la reconstrucción empezó inmediatamente [13] . Alfonso
V restaura el monasterio de San Pelayo. A su muerte, en el año 1028, el monasterio ya estaba en pleno funcionamiento tal y como lo demuestran los documentos existentes en la Colegiata y en la Catedral.
LOCALIZACIÓN:
Pero ¿dónde se levantó el nuevo San Pelayo ?. El nuevo monasterio fue levantado en el actual solar, donde nos hallamos. Aquí se erigen el monasterio y adyacente a él, la iglesia de San Juan Bautista, llamada así por custodiar las reliquias del santo. Su fábrica fue modesta, debido a las dificultades y adversidades de los tiempos. El Tudense la describe como hecha de barro y ladrillo,
Ex luto et latere, materiales autóctonos y por tanto baratos. Vinculado a la iglesia de San Juan Bautista Alfonso
V levanta, según las fuentes documentales el acisterio, esto es, el cementerio, que no es otra cosa que el panteón real, recuperando los restos de obispos y reyes dispersos por la ciudad [14].
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LA
COMUNIDAD:
Otro aspecto discutido es el tipo de comunidad que vivía en San Pelayo. A juzgar por la documentación conservada la comunidad de San Pelayo restaurado era dúplice. Así nos encontramos un
collegium de monjas al frente de ellas doña Gracilo en 1013. En 1048 aparecen suscribiendo como miembros de San Pelayo el abad Froila y sus monjes, por solo citar dos ejemplos significativos.
SAN ISIDORO EN LEÓN
A mediados del siglo XI las cosas experimentan un cambio en la ciudad. La zona más importante
de ésta comienza a desplazarse a la parte situada al norte del eje menor, con el emplazamiento allí del
palatium
de Fernando I [15] . El palacio real se erigió muy próximo a nuestro monasterio.
Con este gesto se confirman dos hechos : la fuerte vinculación de nuestra institución con la familia real y por otra parte, el carácter puramente continuador de San Pelayo y su cementerio del monasterio de San Salvador y su panteón real. Prueba de todo ello es el hecho de que la infanta Teresa se consagra a Dios en el monasterio de San Pelayo, acabado de restaurar, y no en San Salvador. |
San Pelayo y San Juan Bautista constituyen una compleja realidad institucional : monasterio, iglesia, panteón y cabeza del infantado. Comienzan días
gloriosos para el monasterio y su iglesia. Su estrecha relación con la monarquía facilitará su desarrollo en las décadas siguientes.
La reina Sancha, hermana de Vermudo III , había vivido retirada en San Pelayo. Su vocación monástica fue truncada por las necesidades políticas del reino. Tras su fracasado matrimonio con don García, Sancha se casa con Fernando de Navarra, futuro Fernando
I . La reina no se olvidó de su monasterio sino todo lo contrario, logró contagiar su devoción a su esposo. Ambos se dedicaron a dignificar enriquecer y adornar el templo de San Juan Bautista. |

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Reconstruyeron de piedra labrada la iglesia de tapiales. Ennoblecieron el pórtico del panteón. De esta iglesia, los muros occidental y septentrional, algunos capiteles y varios relieves de caliza y mármol dos de los cuales representan a San Isidoro y San Pelayo, el pórtico sur con seis tramos abovedados, conocido hoy por el nombre de Panteón Real y la tribuna que corresponde a este pórtico. La división en tres naves y sus dimensiones fueron modificadas en el siglo
XII y en el XVI [16]
En su afán de ennoblecer la iglesia le procuran reliquias insignes, tesoro inapreciable para los medievales, como ya vimos. Lograron traer los restos de San Vicente de Avila y de las santas Sabina y Cristeta y otras menos notables. Pero sin duda la más importante de todas ellas fueron los restos de San Isidoro , obispo de Sevilla.
Se organizó una expedición al Al-Andalus, integrada por miembros notables de la ciudad, a cuya cabeza iba el obispo legionense Albito. El objetivo era recuperar los restos de las santas Justa y
Rufina. Sin embargo, los planes iniciales no se alcanzaron. A cambio trajeron los restos del Doctor de las Españas. El año de la Traslación, 1063, marca un hito en la historia del monasterio. |
Este acontecimiento reunió en la capital a un número importante de obispos,
abades, magnates, persona principales. El 23 de diciembre se procedió a una nueva consagración del templo, bajo la advocación que hoy conocemos San Isidoro. |
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Los reyes concedieron a la nueva iglesia de San Isidoro de numerosas joyas y ornamentos para el culto, así como de arquetas para reliquias y una cruz de marfil. Le dotaron además con monasterios e iglesias así como numerosas villas y heredades.
En cuanto a la comunidad, el privilegio de dotación [17] expone claramente que continúan dos comunidades, una femenina, y otra masculina, esta última vinculada a la iglesia de San Isidoro y ya de clérigos que sustituyen a los monjes. La documentación de finales del
XI nos habla ya de canonici, canónigos. Pero será en torno a 1120 cuando nos encontremos definitivamente una comunidad de canónigos. Estos procedían de la catedral
y a su cabeza se hallaba Pedro Arias, su prior. Estos se encargaban fundamentalmente del culto y atención de la iglesia de San Isidoro y el Panteón Real, mientras que la comunidad femenina seguía la estricta observancia de su orden en el monasterio adyacente de San Pelayo.
Con el afianzamiento del culto y fama de San Isidoro la corporación de clérigos va ganando importancia. En 1135 Pedro Arias y sus seguidores se separan definitivamente de Santa María de Regla y fundan un monasterio en Carbajal de la Legua. Apenas estarán unos años ya que en 1148 y a instancias regias, la canónica se traslada a San Isidoro y se instala en su iglesia y monasterio. Con los canónigos San Isidoro se convertirá en un gran dominio territorial y en centro cultural de primer orden.
Pero eso es otra historia
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Bibliografía:
[1] M. RISCO, España Sagrada,
vol.34, Madrid 1784
[2] A. VIÑAYO, El escriptorium medieval del monasterio de San Isidoro y sus conexiones europeas : Coloquio sobre la circulación de códices y escritos entre Europa y la Península en los siglos VII-XII, Santiago de Compostela.
[3] SANCHEZ ALBORNOZ, Una ciudad de la España cristiana hace mil años. Estampas de la vida en León, Madrid 1978, p.25.
[4] J. PEREZ DE URBEL, San Isidoro : Diccionario de Historia Eclesiástica de España, III 1973, pp. 1585-1586.
[5] G.. M. COLOMBAS, San Pelayo de León y Santa María de Carbajal . Biografía de una comunidad femenina, León 1982, p.21.
[6] Lo recoge también PEREZ DE URBEL, Crónica. Su crónica y la monarquía leonesa en el siglo X, Madrid 1952, p.334 .Da noticia
COLOMBAS, San Pelayo, p.21
[7] Pelayo, todavía niño, había quedado como rehén en Córdoba en lugar de su tío
Hermoigio, obispo de Tuy, y otro obispo, hechos prisioneros en la batalla de Valdejunquera ; en el año 925 el califa Ab al Rhaman III mandó descuartizarlo por no haber cedido a sus caprichos ; el relato de su martirio, debido a la pluma del presbítero cordobés
Raguel, conoció gran difusión y conmovió a la cristiandad entera CF : DIAZ Y
DIAZ. La pasión de San Pelayo y su difusión : Anuario de Estudios Medievales 6(1969) 97-116.
[8] A. RODRIGUEZ DE CEBALLOS, Relicario : Diccionario de Historia Eclesiástica de España,
vol., 3 p.2071.
[9] En los solares situados junto a la iglesia de San Juan Bautista . Vid. España Sagrada, 35, p.20.
[10] SANCHEZ ALBORNOZ, Una ciudad hace mil años, pp.68-69
[11] Sobre la regla monástica que se observa en el cenobio Llamazares dice que fueron isidorianos, mientras de Colómbas defiende la teoría de que vivían bajo la regla benedictina. Cf. J. PEREZ LLAMAZARES, Historia de la Real Colegiata de San Isidoro de León, León 1927, pp.19-21 ; COLOMBAS ; San Pelayo. p. 23.
[12] F.J. FERNANDEZ CONDE, et alii, El monasterio de San Pelayo de Oviedo, Oviedo 1981.
[13] M : RISCO, ES,35,3.
[14] Sobre la diferencia de monasterios e iglesias. Vid. Colómbas, p.31.
[15] C.. ESTEPA, Estructura social de la ciudad de León (siglosXI-XIII), León 1977,p.125. Colómbas, San Pelayo, p.35.
[16] A. VIÑAYO, La llegada de San Isidoro a León : Archivos Leoneses 18 (1964) 330.
[17] Publicado y comentado por Mª Encarnación MARTÍN LOPEZ. El patrimonio cultural de San Isidoro. Documentos de los siglos X al XIII, León 1995 |
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