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La temporada
otoñal de hongos
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"Diario
de León".
Septiembre 2001 |
Autor:
Aniceto Iglesias y Mariflor Pérez. |
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La
cesta, el bastón y la navaja están listos y León es
demasiado grande como para no encontrar todo el mosaico de hongos que puede desearse
en nuestros campos. A la hora de ir a buscar setas siempre es el apetito, el paladar
o el estómago los que guían al setero en su deambular por los bosques o las praderas.
Sin
embargo, en el mundo de la micología existe otra opción más interesante, si cabe, como es
salir a
buscar cualquier tipo de hongo, con el fin de llegar a su determinación y a su total
conocimiento. Los medios necesarios son sencillos para
lograr su esporada, ver sus detalles con lupa y hasta
tratar de conservar el hongo.
El final del verano nos proporciona una especie digna
del paladar más exigente: la Amanita caesarea
(amanita de los césares). Los romanos
sabían mucho de esta especie, pues hasta utilizaban
esclavos en
su recolección. También sería la
perdición de algunos emperadores ya que el poderoso veneno de otra
amanita, la phalloides, serviría para formar un combinado exquisito, aunque ciertamente mortal.
La Amanita
caesarea está considerada como una de las más apreciadas setas de final de verano o
principios
de otoño.
Así pues, desde finales de agosto, septiembre y a
veces octubre, nos lleva a rebuscar en los robledales
para tratar de encontrar esa seta de
pie y láminas amarillas, con sombrero naranja (¡Ojo, sin manchas blancas!).
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LA
MONTAÑA
Este
macrohábitat se caracteriza por unas temperaturas más
frescas que las del resto de nuestras latitudes, sobre
todo las de la tierra de campos o las acompañadas por
un bosque de ribera. Sin embargo, no por
ello va a
privarse de las increíbles sorpresas que esconde la micología en sus pinares, encinares, robledales,
abedulares, etc.
En
este tipo de hábitats puede encontrarse algún
boleto. ¡Ojo!, pues la oronja verde, o Amanita
phalloides, especie mortal, puede sorprendernos en
cualquier rincón del bosque y si nos fijamos
detenidamente podría seducirnos su buen aspecto.
Los
pinares, hayedos, robledales, etc., abrigados en unos
casos, soleados o sombríos en otros, van a
deleitar
nuestras excursiones con diferentes ejemplares; unas
veces comestibles y otras de mera
observación. El
aprendizaje de las más tóxicas resulta sumamente
importante e interesante. Las praderas
de montaña
tampoco van a quedar a tras, porque la senderuela y
las lepistas serán sus principales
moradores, sin
olvidar los champiñones o los cuescos de lobo y las
setas de cardo, entre las posibles comestibles.
Macrolepiotas y rusulas preferirán rincones de
características intermedias.
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LA
LLANURA
Aunque las
precipitaciones puedan ser más escasas, la suavidad
climática puede condicionar, todavía más,
la existencia de una
diferencia de temperatura que favorezca la aparición de los hongos otoñales más fácilmente o,
al menos, antes que en las zonas de montaña. Las senderuelas y las setas de cardo son los
principales representantes, aunque todavía existe un buen número de especies dignas de
observación o recolección en su caso.
BOSQUES
DE CONÍFERAS
Los
pinares pueden ofertarnos en general una buena muestra
de amanitas aunque no se encuentra la
caesarea entre ellas. Asimismo, se
encuentran varias especies de amanitas (también las tóxicas),
cortinarios, higróforos,
lactarios (Lactarius
deliciosus, entre ellos), y Cantharellus sp. Además
multitud de rusulas, boletos, tricholomas, etc, forman
parte de la gran diversidad de esta zona.
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BOSQUES
CADUCIFOLIOS
Boletos,
oronja verde (mortal), cortinarios, tricolomas,
clitocibes, lactarios, paxilos, etc., constituyen una importante variedad que, unida a los hongos
más inferiores, nos proporciona una interesante área de estudio
y búsqueda que
ofrece ligeras variaciones dependiendo del tipo de bosque caducifolio de que se trate.
PRADERAS
Y CAMPOS DE CULTIVO
En ellos
encontramos champiñones, senderuelas, lepistas,
cardos, melanoleucas, parasoles y otras muchas especies que configuran un auténtico
mosaico que se distribuye según las características
de estos medios. Incluso estercoleros y escombreras
alojan otras interesantes
especies muy conocidas como
los "chipirones
de campo" o barbudas.
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