|
|
 |
Estás en: "VArios"
|
|
 |
Juntas Vecinales, expolio de montes e identidad leonesa
18 de Abril del
2006
 |
Diario de
León:Opinión |
Autor: Ricardo
Magaz.
SecretarioGeneralDe UPL-Madrid. Escritor |
|
 |
LA HISTORIA y los hábitos de poblamiento
leonés determinaron en la Alta Edad Media el nacimiento del concejo
abierto, pilar básico de la democracia directa. Posteriormente, en el
S. XIX, surgieron las juntas vecinales como instrumento jurídico del
sistema concejil. Estas y otras instituciones tradicionales vienen a
constituir un inequívoco elemento diferenciador del panorama
geopolítico leonés con respecto a otras regiones contiguas o lejanas.
El patrimonio comunal de las juntas y su autogestión forma parte
indeleble del derecho consuetudinario que rige el día a día de
nuestros pueblos. Semejantes circunstancias aclaran el menor
desequilibrio socioeconómico de León en el discurrir de los siglos y
el mantenimiento de uno de los legados comunales más copiosos y
diversos del país. Las juntas vecinales siempre descollaron por su
valiosa impronta social, económica y cultural en tanto en cuanto que
no sólo ordenaban la comunidad desde criterios de solidaridad y
colectivismo, sino que se establecieron como auténticos entes
gerenciales del progreso en los pueblos de la provincia y, en buena
medida, del viejo reino, tal como se recoge en las eruditas «500
razones por las que habrá una autonomía leonesa». En todo el Estado
español están censadas en la actualidad 3.700 entidades locales
menores o pedanías. León cuenta con 1.288, es decir, algo más de un
tercio del total nacional, figurando por delante de Asturias, Navarra,
Cantabria o el País Vasco. Desde 1983, momento de la creación contra
natura de la autonomía de Castilla y León, el poder asentado en la
capital del Pisuerga esgrimió sus peores pretensiones para nuestras
juntas vecinales y los concejos abiertos que, como es notorio, han
fraguado parte de la identidad y conciencia leonesa. Desde la Junta
nunca han querido comprender esta realidad palpable. Se empeñan en
adulterar nuestra historia y reescribir una nueva al dictado avieso de
la Fundación Villalar. Más recientemente, el devastador anteproyecto
de Ley de Montes transita con determinación por idénticos derroteros.
Esta Ley intervencionista que la Consejería de Medio Ambiente
suprimiría los legítimos derechos de las pedanías que durante siglos
han venido administrando sus montes en beneficio de los vecinos. Estos
bienes de utilidad pública ayudaron, y aún hoy lo siguen haciendo, a
salir adelante a la entidad y a los empadronados más humildes. Con las
disposiciones usurpadoras que el rodillo de las Cortes de Fuensaldaña
persigue imponer, al menos 600.000 hectáreas de superficie forestal
colectiva dejarán dé hallarse gobernadas por las juntas vecinales, sus
auténticos dueños. Por si fuera poco, el artículo 31 del mencionado
anteproyecto de Ley, contempla la descabellada posibilidad de que,
llegado el caso, la Junta pueda expropiar cualquiera de los 965 montes
comunales leoneses, ignorando de un plumazo la existencia de la
vigente normativa de Bases de Régimen Local, los ayuntamientos y la
diputación. Es evidente, pues, que la verdadera intención de la Junta
no es la protección del espacio rural sino el desapoderamiento de las
pedanías, el expolio de los montes leoneses en detrimento de sus
ciudadanos y el estrangulamiento económico de los pueblos que
subsisten gracias a los recursos logrados a través de la madera, la
caza o el pastoreo, prácticamente las únicas fuentes de ingresos para
poder supervivir como entidades de ámbito territorial menor al
municipio. No cabe duda que estas nuevas iniciativas legisladoras,
disfrazadas con piel de cordero de la Junta, vienen, en definitiva, a
complementar la beligerante política seguida desde Valladolid para
lograr el desvanecimiento progresivo de las 1.288 juntas vecinales
asentadas en León, y castellanizar con hechos consumados a la Región
Leonesa. Así las cosas, se hace necesario imprimir un vigoroso impulso
en la conquista de la Autonomía Leonesa mediante el camino
constitucional. Abandonemos la estéril victimología que ha distinguido
al leonesismo hasta ahora y frecuentemos el modelo reivindicativo
teórico con el pragmático a pie de obra. Para ello no hay más remedio
que sacar a los leoneses a la calle. Pacíficamente y si quieren, por
supuesto. Todo ideal precisa sacrificios asumibles. Non progredi est
regredi; es decir, no avanzar significa retroceder.
Me permitirá el lector, por último, ejercer el inveterado derecho
de «licencia poética descontextualizada» que le asiste a todo autor en
su obra, para pregonar que por fin los tribunales remolones han
hablado ex cátedra como hizo Zaratrusta. Hace unos días la más alta
instancia judicial española, o sea, el Tribunal Constitucional, se ha
pronunciado estimando el recurso de amparo 24/02 sobre una cuestión de
conculcación de derechos fundamentales y anticonstitucionalidad
planteada por este servidor hace un lustro. El fallo, que crea
jurisprudencia, ha sido, como era de esperar, favorable a las
juiciosas tesis esgrimidas entonces. Aunque tardía, bienvenida sea
esta resolución amiga y reparadora de la legalidad vigente que como
leonesista y como mero ciudadano me satisface enormemente, además de
engrosar el corpus doctrinal. Ser uno de esos escasísimos
parroquianos, según las estadísticas no más del dos por ciento de
entre los 43 millones de españoles, al que el alto tribunal otorga
amparo efectivo y da la razón, resulta grato y provechoso. Ya lo dijo
el pensador: la medida del derecho es la utilidad.
|
|